jueves, 13 de agosto de 2009

EXTRACTO de: MACEDONIO, EL ABUELO 1967 (p. Bertha de la Torre de la Piedra)


“Las manos de Macedonio transmiten mensajes de belleza, aunque también de dolor, cuando este dolor tiene hondura. No creo que transmitan dolores feos. Macedonio esta con nosotros pero vive en otro mundo, a veces.
Tiene el don de encerrar un rayo de luz en una tela, puede atrapar una mariposa y encerrarla en colores sin que se sienta presa, también coge trozos de música y gritos de obreros en una fabrica.
Sus bolsillos son la falquitera del diablo: florecillas secas que están retorcidas en forma de pajaritos, piedras de colores, raíces que de pronto tienen voz.
Sí. Sus manos largas y huesosas transmiten mensajes. Ningunas como ellas nos hacen sentir el palpitar nocturno de las selvas, el silencioso quejido de las ruinas antiguas, la soledad salobre de las costas… si se siente deslizar entre los dedos la arena calida de los puertos desolados.

Esos son sus paisajes. Pero a veces coge trozos de huesos muertos y champas de barro y hace seres de los que brotan gemidos y hablan lenguas extrañas, sus veleros navegan en olas inertes durante noches siderales, alumbrados por la luz de esta estrella lejana que no detectan los astrónomos y que solo aparece cuando nos sentimos buenos en el cielo de mi playa silenciosa.
Camina siempre apresurado y lo raro es que no tiene ruta. Tanto puede detenerse ante una rama florecida, como ante una horrible vieja que vende fruta, y encuentra belleza en sus arrugas y la transmite en sus lienzos, y cuando no los tiene pinta en cartones, en papeles, en macetas, aun en música, pero pinta, pinta; pues su razón de ser es esa; y solo esa, nunca otra.
Si. Macedonio tiene su mundo, sus estrellas misteriosas, sus manos que reparten mensajes.
Y hay momentos que esta muy lejos aunque seamos trozos de su ser y de su amor.

Pero, el temor se desvanece cuando entra en casa con su bolsa de pan caliente que trae todos los días a nuestra mesa y de ese pan comemos todos. Costumbre vieja como el mundo, reunirse con todos en la mesa y comer el pan caliente”.

Hermoso homenaje a un maestro.

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