
Imagina por un momento que eres capaz de dejar tu cuerpo. Una sensación de felicidad te llena de paz mientras que la parte no material de tu ser sale de su coraza. Suavemente asciendes hasta tres metros en el aire. Miras hacia abajo y te ves en la cama tumbada plácidamente. Te sientes libre, tu entusiasmo te lleva a descubrir lo que nunca hubieras soñado...
A los 15 años todo tipo de sentimientos se exponen a un máximo de primor. Deseos y pasiones pueden azotarte desplazandote a fuerza de huracán, incontrolablemente. Ese era mi caso cuando tenía 15 años. Sufria de un tremendo y prematuro amor. Envuelta en una poderosa devoción, aveces no podía ni respirar con normalidad. Me encontraba sumergida en deseo grueso y sólido. Mi espíritu se revelaba contra mi cuerpo. Entonces comenzé a soñar. Sueños extraños de otros mundos, sueños que parecian más reales que la vida en sí. Sueños que me acompañaron en el camino hacia el centro de la existencia. Lo más primitivo de mi ser dío riendas sueltas a mi imaginación y sin importarme el destino que me esperaba, volé. Mi cuerpo se trasnfomó en sensaciones. Se abrieron las puertas de un reino lleno de colores antes invisibles para mi.
Todo empezó una de aquellas tardes en las que pasaba el rato suspirando por Rei, mi primer amor, platónico. Mi pasatiempo favorito era imaginar que estaba con él: “Rei me acariciaba con ternura, cada centímetro de mi piel se estremecía con el paso de sus dedos. Sus ojos dulces y golosos arrasaban mi cuerpo con deseo. Nos envolvíamos en sábanas de pasión y entonces...”
!Sucedió¡ Estaba flotando en el aire fuera de mi cuerpo...
Inmeditamente desee estar con la persona más importante de mi vida, en menos de un segundo atravesé un tunel de luz hasta encontrarme cara a cara con ella... Era idéntica a mi.
Físicamente era yo, la única diferencia era que ella desprendía una luz intensa y calurosa. Su forma de moverse, sus gestos, su voz, todo en ella se asemejaba a mí. Sin embargo, ella tenía un toque de gracia sutil que nunca había notado en nadie. Sus ojos, brillantes, llenos de ternura y su sonrisa placida y sincera hicieron que me sintiera segura. De pronto, algo así como el “aire de la eternidad” me envolvía, impreganadome con una deliciosa frangacia que tocaba todos mis sentidos. Un rayo fugaz cruzó mi mente dejándome con la sensación de que todo era perfecto en mi vida. Observé como millones de destellos de luz nos rodeaban a las dos. La Princesa Encantada, ese era su nombre, me contó que cuando yo nací ella estaba destinada a vivir dentro de mi hasta mi muerte. La princesa era un alma tan antigua como el mismo universo. Su misión era ayudarme a recordar. Me hablaría siempre que estuviera dispuesta a escucharla (de eso se trataba el encantamiento); Ella ponía a mi disposición una fuente inagotable de sabiduría, fuerza y amor, a la que yó accedería cada vez que de verdad lo deseara: “Conozco el mundo y entiendo la evolución del alma humana” me dijo. “Lo sé todo, desde el principio del tiempo hasta su fin. He vivido en todos los mundos y en todas las épocas. Conozco la verdad de los seres”. La Princesa Encantada era pura esencia divina, luz de creación. Me llevó a su morada. Un templo de cristal llamado “lila”. Me dijo que ese era mi templo y se llamba “lila”, por ser el lila mi color favorito. Todos eran tonos lilas y violetas. El espacio era redondo y se hacia grande o pequeño según lo deseado. Alrededor del templo adornaban pequeñas fuentes con aguas cristalinas que fluian de figuras de marmol, ángeles que se movian y sonreían cuando les mirábamos. Sonaba una dulce melodía que intensificaba mis sentidos dejandolos libres y desnudos. En el centro un precioso trono de terciopelo violeta que relucía lleno de piedras de amatista y cuarzo rosa incrustadas en los bordes. “Siéntate en tu trono”, me pidio la Princesa. Al hacerlo, ella tambien se sentó, atravesandome penetró en mi. Me sentí una con ella, completa e iluminada.
Presente, pasado y futuro, la princesa lo sabía todo sobre mi. Tenía la respuesta a todas mis preguntas. Ella siempre estaría conmigo, nunca me abandonaría, siempre me apoyaría, siempre me querría, siempre me ayudaría, siempre me guiaría y acompañaría. Me dijo que su amor, era el amor más grande poseído y por poseer. Pasara lo que pasara, mi “Yo” superior me enseñaría a ver con los ojos del alma siempre que lo desear.
No recuerdo nada en absoluto del año 1989, aparte de mis sueños y de mi ferviente obsesión por ese chico moreno de piel oscura, ojos verdes, cejas gruesas y mirada profunda. Sus ojos me atravesaba como un rayo cada vez que me atrevía a mirarle. El rayo dejaba tras de sí un placentero dolor, siempre amortigüado por la sonrisa dulce y juguetona que le seguía. Rei veía através de mi. Me veía desnuda con mi alma a su merced. En décimas de segundo, yó imaginaba como nuestros cuerpos astrales ascendían en el aire y se unía en extasis celestial. Siempre creí que es posible alcanzar la unión con el universo y sentir el latido de la creación vibrar en tí, cuando se unen tu alma y la de tu amado en la otra dimensión, en le reino astral.
Al tropezar en los pasillos del instituto o en el patio, o en la cafetería, o en la biblioteca, Rei y yo hablábamos instintivamente con el corazón. Me parecía insólito el hecho de que todos nuestros encuentros fueran siempre inesperados o repentínos.
Muchas tardes, después de clase, me iba al parque que estaba al lado del instituto y me sentaba bajo la sombra de un árbol. Antes de darme cuenta, yacía en las profudidades de lo que yo creía un sueño. Una de aquellas tardes, tumbada con los ojos abiertos, vi y sentí un chorro de luz bañarme, me cubría de una extraña y misteriosa alegría, y de un innato sentimiento de libertad. Me levanté, no era consciete de que dejaba mi cuerpo atrás. La luz se presentaba ante mi en la forma de una puerta que me invitaba a salir del mundo.
Deseé con fuerza atravesar esa puerta. Enseguida, mi cuerpo astral se deslizó hacia abajo a través del centro de la tierra, llevándome a un lugar desconocido. Estaba oscuro. Una bola verde y luminosa del tamaño de una canica se plantó a unos centímetros de mi nariz. Fijé mi vista en ella y observé como la dirección de sus movimientos eran exactamente opuesta a la de los mios. Traté de cogerla, pero la bola era velóz. Luego paró unos intantes y acto seguido comenzó a alejarse. La perseguí, mi cuerpo astral se desplazaba a la velocidad de la luz en medio de un senarío que semejaba a montañas color bronce, tan altas que llegaban hasta un cielo naranja rojizo. Llegamos a un lugar parecido a un valle, en él, el aíre era visible, de color verde bosque. Lo que podía ser tanto el suelo como el cielo era verde esmeralda. Miles de diminutas florecillas cubrian el espacío entre suelo y cielo . Estás cambiaban de color a mi paso, luciendo todas las tonalides de todos los colores posibles e imaginables así como los imposibles y los inimaginables. En el centro, suspendido en el aire, ocupaba gran parte del espacio un pedazo gigantesco de cuarzo blanco. El cristal tenía infintas caras, con muchas formas, y numerosos ángulos. El lugar lucía resplandeciente, la luz provenía del cuarzo. Oí vocecillas y susurros, deseé saber quienes eran. Poco a poco, extraños seres se materializaban ante mi. Pronto me encontraba rodeada de docenas de ellos. Eran altos, muy alargados y delgados, se estiraban como el chicle en todas las direcciones mientras se movían, sus cuerpos cambiaban de forma constantemente. Algunos se lanzaban contra el cristal, y para mi sorpresa se sumergían en el y desaparecían, como si de agua se tratase. Aún siendo el cuarzo sólido y frío al tacto, no dude en tirarme contra el. Era capáz de ser, estar o hacer lo que quisiera con solo desearlo. Me desplacé en una inmesa variedad de aguas hasta llegar al oceáno Atlántico. Floté sobre él durante unos minutos y luego volví al parque del instituto.
Entré en mi cuerpo y cuando abrí los ojos allí estaba Rei. De pie, delante de mí. No podía ver su cara con claridad, el sol me deslumbraba. Me tendió una mano para ayudarme a levantar. Me quedé mirandole fijamente con una sonrisa de oreja a oreja. Estaba segura de que las palabras no eran necesarias porque podíamos comunicarnos telépaticamente.
Estabas profundamente dormida. Me dijo. Tengo un favor que pedirte. Continuó.
Lo que sea amor mío.. Pensé._¿Que?._ Dije.
_Quiero comoprarle un regalo a Susana. Le voy a pedir que salga conmigo. ¿Me ayudas a elegirlo?_Galanteó pícaro.
Me quedé muda y tiesa durante unos eternos segundos. Luego tanto para mi sorpresa como para la suya, !grité¡ un fuerte y rotundo !no¡. Me pareció escupir el corazón con la negación. Inmediatemente me alejé de su lado con rapidez, arrepintiendome con cada paso que daba. Sentía un frio helado que me subia lentamente de pies a cabeza causa de la soberana vergüenza que me daba mi extraño comportamiento,
Me pasé las siguientes dos semanas sin ir a clase. Llamaba al instituto cada dos días fingiendo ser mi madre, para decir que estaba enferma. Cada mañana salía de casa con la toalla y el bikini en la mochila de los libros. Me marchaba a la playa. Me tumbaba en la arena imaginando que era el cuerpo de Rei. Dejaba que los rayos de sol me acariciaran como si fuesen las manos de Rei. Escuchaba el sonido del mar pensando que eran sus susurros de amor.
La noche de mi reaparición en el instituto había un concierto de rock. Yo había decidido que esa noche sería mi noche. Durante el diá me compré un vestido de lo más sexy. La parte de abajo apenas me cubria las nalgas. Y la parte de arriba mostraba orgullosa, mis redondos y carnosos senos casi en su totalidad. Cuando llegué a casa, a la hora de comer, después de ir a la playa y de compras, estaba tan emocionada por la noche que me esperaba, que ni siquiera note las caras de enfadados que tenían mis padres. Me senté a la mesa, sumergida en mis pensamietos.
¿Que tal las clases, Sylvia La voz de mi padre sonó desde un mundo lejano.
Muy bien. Conteste yó, sin abandonar mi mundo.
¡¿Como que bien?! El grito de mi madre, me arrancó de golpe de mis sueños. Sus palabras tomaron la forma de disparos de ametralladora, granadas y bombas. No me molesté en escucharla, tan solo intentaba huir, o levantar la badera blanca... hasta que... detecté las palabras : "Estas castigada sin salir indefinidamente". Esas palabras cayeron sobre mi como un meteorito que me partió la cabeza en briznas. Les supliqué que me dejasen salir esa noche. Lloré y rogué como nunca, pero no me hicieron ni caso. Aún así no me di por vencida. Al caer la noche les dí las buenas noches como quien se va a dormir calmada y dócil. Luego me vestí, me arreglé, coloqué almohadas bajo mi manta, y salí sigilosamente por la puerta de mi casa. Mientras me alejaba, me burlé de mis padres por su ignorancia.
Al llegar al instituto me sentí un tanto incómoda. Todos me miraban como a un show. Nada más entrar en la sala de actos vi a Rei. El me miró de arriba a abajo desde el otro lado del recinto y comezó a acercarse. Algo se encendió dentro de mi. La emoción me hacía cosquillas por todo el cuerpo. Durante un momento me pasó lo mismo que a Julieta cuando vió por primera vez a Romeo: El mundo entero desapareció, y en el espacio solo existíamos Rei y yó. Entonces supe que Rei sería mio. Mientras se acercaba cerré los ojos, dandome la enhorabuena por haber conseguido mi sueño. Antes de abrir los ojos noté como una mano firme y fuerte me agarraba el brazo con fuerza, y con mucha fuerza, me giraba en direccion contraria a la que venía Rei. Nunca había visto a mi padre tan soberanamente furioso. Mi madre me plantó un bofeton cuyo sonido oyeron en la China. Y como no fué suficiente para ella, pues me agarró por el pelo y tiró de mi por todo el instituto hasta el coche.
No recuerdo nada más de esa noche en el mundo real. Lloré y lloré hasta quedarme dormida. Desperté con lágrimas en los ojos, en un cuarto oscuro, sentada en un taburete. A unos metros, pude distinguir la silueta de una mujer, apoyada en la pared. Tras notar su presecia, observé como la mujer se acercaba hacía mi. Su caminar era pausado y elegante, muy femenino.
¿Que te pasa?, ¿por que lloras? Preguntó.
Estoy enamorada. Consteste, confusa en aquella situación.
¿Y que vas a hacer?. Inquirió.
Quiero morirme. Anuncié.
La mujer comenzó a andar lentamente en torno a mi, me miraba como si tuviera el poder de analizar mis pensamietos.
¿Como puedes decir eso? La mujer preguntó con cierto tono de indignación, como si mi muerte la afectara a ella directamente. No es posible que pienses así. Hablaba casi susurrando y entre dientes. Tu, precisamente tu. Es imposible... no me lo creo. Ahora parecía hablar sola, estaba profundamente decepcionada. No puede ser . Suspiró.
Lo siento mucho, señora dije yo, sin saber como reaccionar.
Rapidamente la mujer salió de la habitación, indicándome que la siguiese. Su casa era increiblemente bella, de hecho, se parecía mucho a la casa que yó deseaba tener algún día. Atravesamos un salón amplio con muebles de cristal y adornos de piedra. A mi alrededor no faltaba ni un detalle. Los intensos colores y la deliciosa fragancia de flores y plantas añadían divinidad al ambiente.
La mujer era muy hermosa, aparentaba unos 35 años, pero intuí que era mayor. Era amistosa y divertida. Pasamos una enorme cristalera que daba a una piscina. Nos sirvió una copa de champagna, brindó a nuestra salud y tras tomar un sorbo se quito la bata de seda lila que llevaba, dejando a la vista un cuerpo alucinante y perfecto en bikini. Llevaba un colgante precioso. Una fina y brillante cadena de plata lucía un corazón de quarzo rosa cristalino.
A los 15 años todo tipo de sentimientos se exponen a un máximo de primor. Deseos y pasiones pueden azotarte desplazandote a fuerza de huracán, incontrolablemente. Ese era mi caso cuando tenía 15 años. Sufria de un tremendo y prematuro amor. Envuelta en una poderosa devoción, aveces no podía ni respirar con normalidad. Me encontraba sumergida en deseo grueso y sólido. Mi espíritu se revelaba contra mi cuerpo. Entonces comenzé a soñar. Sueños extraños de otros mundos, sueños que parecian más reales que la vida en sí. Sueños que me acompañaron en el camino hacia el centro de la existencia. Lo más primitivo de mi ser dío riendas sueltas a mi imaginación y sin importarme el destino que me esperaba, volé. Mi cuerpo se trasnfomó en sensaciones. Se abrieron las puertas de un reino lleno de colores antes invisibles para mi.
Todo empezó una de aquellas tardes en las que pasaba el rato suspirando por Rei, mi primer amor, platónico. Mi pasatiempo favorito era imaginar que estaba con él: “Rei me acariciaba con ternura, cada centímetro de mi piel se estremecía con el paso de sus dedos. Sus ojos dulces y golosos arrasaban mi cuerpo con deseo. Nos envolvíamos en sábanas de pasión y entonces...”
!Sucedió¡ Estaba flotando en el aire fuera de mi cuerpo...
Inmeditamente desee estar con la persona más importante de mi vida, en menos de un segundo atravesé un tunel de luz hasta encontrarme cara a cara con ella... Era idéntica a mi.
Físicamente era yo, la única diferencia era que ella desprendía una luz intensa y calurosa. Su forma de moverse, sus gestos, su voz, todo en ella se asemejaba a mí. Sin embargo, ella tenía un toque de gracia sutil que nunca había notado en nadie. Sus ojos, brillantes, llenos de ternura y su sonrisa placida y sincera hicieron que me sintiera segura. De pronto, algo así como el “aire de la eternidad” me envolvía, impreganadome con una deliciosa frangacia que tocaba todos mis sentidos. Un rayo fugaz cruzó mi mente dejándome con la sensación de que todo era perfecto en mi vida. Observé como millones de destellos de luz nos rodeaban a las dos. La Princesa Encantada, ese era su nombre, me contó que cuando yo nací ella estaba destinada a vivir dentro de mi hasta mi muerte. La princesa era un alma tan antigua como el mismo universo. Su misión era ayudarme a recordar. Me hablaría siempre que estuviera dispuesta a escucharla (de eso se trataba el encantamiento); Ella ponía a mi disposición una fuente inagotable de sabiduría, fuerza y amor, a la que yó accedería cada vez que de verdad lo deseara: “Conozco el mundo y entiendo la evolución del alma humana” me dijo. “Lo sé todo, desde el principio del tiempo hasta su fin. He vivido en todos los mundos y en todas las épocas. Conozco la verdad de los seres”. La Princesa Encantada era pura esencia divina, luz de creación. Me llevó a su morada. Un templo de cristal llamado “lila”. Me dijo que ese era mi templo y se llamba “lila”, por ser el lila mi color favorito. Todos eran tonos lilas y violetas. El espacio era redondo y se hacia grande o pequeño según lo deseado. Alrededor del templo adornaban pequeñas fuentes con aguas cristalinas que fluian de figuras de marmol, ángeles que se movian y sonreían cuando les mirábamos. Sonaba una dulce melodía que intensificaba mis sentidos dejandolos libres y desnudos. En el centro un precioso trono de terciopelo violeta que relucía lleno de piedras de amatista y cuarzo rosa incrustadas en los bordes. “Siéntate en tu trono”, me pidio la Princesa. Al hacerlo, ella tambien se sentó, atravesandome penetró en mi. Me sentí una con ella, completa e iluminada.
Presente, pasado y futuro, la princesa lo sabía todo sobre mi. Tenía la respuesta a todas mis preguntas. Ella siempre estaría conmigo, nunca me abandonaría, siempre me apoyaría, siempre me querría, siempre me ayudaría, siempre me guiaría y acompañaría. Me dijo que su amor, era el amor más grande poseído y por poseer. Pasara lo que pasara, mi “Yo” superior me enseñaría a ver con los ojos del alma siempre que lo desear.
No recuerdo nada en absoluto del año 1989, aparte de mis sueños y de mi ferviente obsesión por ese chico moreno de piel oscura, ojos verdes, cejas gruesas y mirada profunda. Sus ojos me atravesaba como un rayo cada vez que me atrevía a mirarle. El rayo dejaba tras de sí un placentero dolor, siempre amortigüado por la sonrisa dulce y juguetona que le seguía. Rei veía através de mi. Me veía desnuda con mi alma a su merced. En décimas de segundo, yó imaginaba como nuestros cuerpos astrales ascendían en el aire y se unía en extasis celestial. Siempre creí que es posible alcanzar la unión con el universo y sentir el latido de la creación vibrar en tí, cuando se unen tu alma y la de tu amado en la otra dimensión, en le reino astral.
Al tropezar en los pasillos del instituto o en el patio, o en la cafetería, o en la biblioteca, Rei y yo hablábamos instintivamente con el corazón. Me parecía insólito el hecho de que todos nuestros encuentros fueran siempre inesperados o repentínos.
Muchas tardes, después de clase, me iba al parque que estaba al lado del instituto y me sentaba bajo la sombra de un árbol. Antes de darme cuenta, yacía en las profudidades de lo que yo creía un sueño. Una de aquellas tardes, tumbada con los ojos abiertos, vi y sentí un chorro de luz bañarme, me cubría de una extraña y misteriosa alegría, y de un innato sentimiento de libertad. Me levanté, no era consciete de que dejaba mi cuerpo atrás. La luz se presentaba ante mi en la forma de una puerta que me invitaba a salir del mundo.
Deseé con fuerza atravesar esa puerta. Enseguida, mi cuerpo astral se deslizó hacia abajo a través del centro de la tierra, llevándome a un lugar desconocido. Estaba oscuro. Una bola verde y luminosa del tamaño de una canica se plantó a unos centímetros de mi nariz. Fijé mi vista en ella y observé como la dirección de sus movimientos eran exactamente opuesta a la de los mios. Traté de cogerla, pero la bola era velóz. Luego paró unos intantes y acto seguido comenzó a alejarse. La perseguí, mi cuerpo astral se desplazaba a la velocidad de la luz en medio de un senarío que semejaba a montañas color bronce, tan altas que llegaban hasta un cielo naranja rojizo. Llegamos a un lugar parecido a un valle, en él, el aíre era visible, de color verde bosque. Lo que podía ser tanto el suelo como el cielo era verde esmeralda. Miles de diminutas florecillas cubrian el espacío entre suelo y cielo . Estás cambiaban de color a mi paso, luciendo todas las tonalides de todos los colores posibles e imaginables así como los imposibles y los inimaginables. En el centro, suspendido en el aire, ocupaba gran parte del espacio un pedazo gigantesco de cuarzo blanco. El cristal tenía infintas caras, con muchas formas, y numerosos ángulos. El lugar lucía resplandeciente, la luz provenía del cuarzo. Oí vocecillas y susurros, deseé saber quienes eran. Poco a poco, extraños seres se materializaban ante mi. Pronto me encontraba rodeada de docenas de ellos. Eran altos, muy alargados y delgados, se estiraban como el chicle en todas las direcciones mientras se movían, sus cuerpos cambiaban de forma constantemente. Algunos se lanzaban contra el cristal, y para mi sorpresa se sumergían en el y desaparecían, como si de agua se tratase. Aún siendo el cuarzo sólido y frío al tacto, no dude en tirarme contra el. Era capáz de ser, estar o hacer lo que quisiera con solo desearlo. Me desplacé en una inmesa variedad de aguas hasta llegar al oceáno Atlántico. Floté sobre él durante unos minutos y luego volví al parque del instituto.
Entré en mi cuerpo y cuando abrí los ojos allí estaba Rei. De pie, delante de mí. No podía ver su cara con claridad, el sol me deslumbraba. Me tendió una mano para ayudarme a levantar. Me quedé mirandole fijamente con una sonrisa de oreja a oreja. Estaba segura de que las palabras no eran necesarias porque podíamos comunicarnos telépaticamente.
Estabas profundamente dormida. Me dijo. Tengo un favor que pedirte. Continuó.
Lo que sea amor mío.. Pensé._¿Que?._ Dije.
_Quiero comoprarle un regalo a Susana. Le voy a pedir que salga conmigo. ¿Me ayudas a elegirlo?_Galanteó pícaro.
Me quedé muda y tiesa durante unos eternos segundos. Luego tanto para mi sorpresa como para la suya, !grité¡ un fuerte y rotundo !no¡. Me pareció escupir el corazón con la negación. Inmediatemente me alejé de su lado con rapidez, arrepintiendome con cada paso que daba. Sentía un frio helado que me subia lentamente de pies a cabeza causa de la soberana vergüenza que me daba mi extraño comportamiento,
Me pasé las siguientes dos semanas sin ir a clase. Llamaba al instituto cada dos días fingiendo ser mi madre, para decir que estaba enferma. Cada mañana salía de casa con la toalla y el bikini en la mochila de los libros. Me marchaba a la playa. Me tumbaba en la arena imaginando que era el cuerpo de Rei. Dejaba que los rayos de sol me acariciaran como si fuesen las manos de Rei. Escuchaba el sonido del mar pensando que eran sus susurros de amor.
La noche de mi reaparición en el instituto había un concierto de rock. Yo había decidido que esa noche sería mi noche. Durante el diá me compré un vestido de lo más sexy. La parte de abajo apenas me cubria las nalgas. Y la parte de arriba mostraba orgullosa, mis redondos y carnosos senos casi en su totalidad. Cuando llegué a casa, a la hora de comer, después de ir a la playa y de compras, estaba tan emocionada por la noche que me esperaba, que ni siquiera note las caras de enfadados que tenían mis padres. Me senté a la mesa, sumergida en mis pensamietos.
¿Que tal las clases, Sylvia La voz de mi padre sonó desde un mundo lejano.
Muy bien. Conteste yó, sin abandonar mi mundo.
¡¿Como que bien?! El grito de mi madre, me arrancó de golpe de mis sueños. Sus palabras tomaron la forma de disparos de ametralladora, granadas y bombas. No me molesté en escucharla, tan solo intentaba huir, o levantar la badera blanca... hasta que... detecté las palabras : "Estas castigada sin salir indefinidamente". Esas palabras cayeron sobre mi como un meteorito que me partió la cabeza en briznas. Les supliqué que me dejasen salir esa noche. Lloré y rogué como nunca, pero no me hicieron ni caso. Aún así no me di por vencida. Al caer la noche les dí las buenas noches como quien se va a dormir calmada y dócil. Luego me vestí, me arreglé, coloqué almohadas bajo mi manta, y salí sigilosamente por la puerta de mi casa. Mientras me alejaba, me burlé de mis padres por su ignorancia.
Al llegar al instituto me sentí un tanto incómoda. Todos me miraban como a un show. Nada más entrar en la sala de actos vi a Rei. El me miró de arriba a abajo desde el otro lado del recinto y comezó a acercarse. Algo se encendió dentro de mi. La emoción me hacía cosquillas por todo el cuerpo. Durante un momento me pasó lo mismo que a Julieta cuando vió por primera vez a Romeo: El mundo entero desapareció, y en el espacio solo existíamos Rei y yó. Entonces supe que Rei sería mio. Mientras se acercaba cerré los ojos, dandome la enhorabuena por haber conseguido mi sueño. Antes de abrir los ojos noté como una mano firme y fuerte me agarraba el brazo con fuerza, y con mucha fuerza, me giraba en direccion contraria a la que venía Rei. Nunca había visto a mi padre tan soberanamente furioso. Mi madre me plantó un bofeton cuyo sonido oyeron en la China. Y como no fué suficiente para ella, pues me agarró por el pelo y tiró de mi por todo el instituto hasta el coche.
No recuerdo nada más de esa noche en el mundo real. Lloré y lloré hasta quedarme dormida. Desperté con lágrimas en los ojos, en un cuarto oscuro, sentada en un taburete. A unos metros, pude distinguir la silueta de una mujer, apoyada en la pared. Tras notar su presecia, observé como la mujer se acercaba hacía mi. Su caminar era pausado y elegante, muy femenino.
¿Que te pasa?, ¿por que lloras? Preguntó.
Estoy enamorada. Consteste, confusa en aquella situación.
¿Y que vas a hacer?. Inquirió.
Quiero morirme. Anuncié.
La mujer comenzó a andar lentamente en torno a mi, me miraba como si tuviera el poder de analizar mis pensamietos.
¿Como puedes decir eso? La mujer preguntó con cierto tono de indignación, como si mi muerte la afectara a ella directamente. No es posible que pienses así. Hablaba casi susurrando y entre dientes. Tu, precisamente tu. Es imposible... no me lo creo. Ahora parecía hablar sola, estaba profundamente decepcionada. No puede ser . Suspiró.
Lo siento mucho, señora dije yo, sin saber como reaccionar.
Rapidamente la mujer salió de la habitación, indicándome que la siguiese. Su casa era increiblemente bella, de hecho, se parecía mucho a la casa que yó deseaba tener algún día. Atravesamos un salón amplio con muebles de cristal y adornos de piedra. A mi alrededor no faltaba ni un detalle. Los intensos colores y la deliciosa fragancia de flores y plantas añadían divinidad al ambiente.
La mujer era muy hermosa, aparentaba unos 35 años, pero intuí que era mayor. Era amistosa y divertida. Pasamos una enorme cristalera que daba a una piscina. Nos sirvió una copa de champagna, brindó a nuestra salud y tras tomar un sorbo se quito la bata de seda lila que llevaba, dejando a la vista un cuerpo alucinante y perfecto en bikini. Llevaba un colgante precioso. Una fina y brillante cadena de plata lucía un corazón de quarzo rosa cristalino.
Acto seguido se tiró a la piscina.
Mi hija tiene tu edad. Anoche me dijo lo mismo que tu. Que quería morise. Por eso te he llamado, quiero que me ayudes a entenderla. Se me ha olvidado lo que es estar hundida en la desesperación, triste y con dolor. Sentirse sola o decepcionada. No lo recuerdo. Si te soy sincera, me alegra verte así, aunque no lo recuerdo. La mujer hablaba como si me conociera de toda la vida. Algún día se te olvidarán las cosas que te hacen llorar. Pero dime, ¿que es lo que te hace luchar? ¿Como eres capáz de salir del pozo de la desesperación?_
Disculpe, no la entiendo. Anuncié.
La mujer hablaba en presente, pasado y futuro, mezclandolo todo como si no fuese muy entendida en gramática. De repente me sentí muy confundida, mi anfitriona estaba loca, pero me encantaba. Era imposible entender el porque una mujer así me pedía ayuda a mi. Tan imposible como asombroso. Ella era todo lo que yo deseaba ser, a parte de sus fallos gramaticales. Que maravillosas las sorpresas de la vida o de los sueños... sin darme cuenta, me sumergia en un sueño dentro de un sueño. ¿Quien era esa mujer? Y si necesitaba mi ayuda, yo era extraordinaria. Porque ella era extraordinaria.
Dime de una vez que es lo que te impulsa a lograr tus sueños. Ahora gritó desde la piscina.
Mi hija tiene tu edad. Anoche me dijo lo mismo que tu. Que quería morise. Por eso te he llamado, quiero que me ayudes a entenderla. Se me ha olvidado lo que es estar hundida en la desesperación, triste y con dolor. Sentirse sola o decepcionada. No lo recuerdo. Si te soy sincera, me alegra verte así, aunque no lo recuerdo. La mujer hablaba como si me conociera de toda la vida. Algún día se te olvidarán las cosas que te hacen llorar. Pero dime, ¿que es lo que te hace luchar? ¿Como eres capáz de salir del pozo de la desesperación?_
Disculpe, no la entiendo. Anuncié.
La mujer hablaba en presente, pasado y futuro, mezclandolo todo como si no fuese muy entendida en gramática. De repente me sentí muy confundida, mi anfitriona estaba loca, pero me encantaba. Era imposible entender el porque una mujer así me pedía ayuda a mi. Tan imposible como asombroso. Ella era todo lo que yo deseaba ser, a parte de sus fallos gramaticales. Que maravillosas las sorpresas de la vida o de los sueños... sin darme cuenta, me sumergia en un sueño dentro de un sueño. ¿Quien era esa mujer? Y si necesitaba mi ayuda, yo era extraordinaria. Porque ella era extraordinaria.
Dime de una vez que es lo que te impulsa a lograr tus sueños. Ahora gritó desde la piscina.
Creer. Contesté. Cuando crees, ves lo bonito de la vida, y ves el camino hacia tus sueños. Cuando no crees se marchita temporalmente la esencia de tu espíritu. Cuando dejas de creer no ves lo bueno en ti y te pierdes en el abismo de la existencia. Cuando crees el sol brilla a tu paso. Tu verdadero ser te guía en el camino. Tu corazón reconoce tu destino. Tu destino son tus sueños, tus deseos te pertenecen. Las palabras fluyeron de mi directamente exportadas desde las profundidades de mi alma. La Princesa Encantada hablaba sin dejarme pensar. Creo en mi, creo en mis sueños, creo en mi destino declaró la Princesa Encantada
Con los primeros rayos de sol, mamá me acarició. Mi cuerpo astral volvió al físico y me desperté. Mamá me sonrió y yo a ella.
Sigues castigada pero como consuelo te he traído algo. Me dio un beso y me puso en la mano una cajita de regalo, se levantó de mi lado y salió de mi cuarto. Yo abrí la cajita casi sin interés, fastidiada por haber sido despertada y alejada de la extraordinaria mujer. Me asombré al ver que la cajita contenía un colgante de cuarzo rosa cristalino en forma de corazón que colgaba de una fina y brillante cadena de plata. Era indentico al de... aquella mujer.
Con los primeros rayos de sol, mamá me acarició. Mi cuerpo astral volvió al físico y me desperté. Mamá me sonrió y yo a ella.
Sigues castigada pero como consuelo te he traído algo. Me dio un beso y me puso en la mano una cajita de regalo, se levantó de mi lado y salió de mi cuarto. Yo abrí la cajita casi sin interés, fastidiada por haber sido despertada y alejada de la extraordinaria mujer. Me asombré al ver que la cajita contenía un colgante de cuarzo rosa cristalino en forma de corazón que colgaba de una fina y brillante cadena de plata. Era indentico al de... aquella mujer.
Entonces comprendí que aquella mujer era !yo!
Era yó en el futuro.
Y supe que la vida es un sueño real.
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