Cada imagen se puede identificar con sentimientos, a veces confundidos con la soledad o con la nostalgia.Todos no son sino estados de ánimos de quien observa. Porque habrá quien imagine las huellas de un sediento caminante que no encuentra su camino, pero habrá quien sienta el esfuerzo por alcanzar la meta, por luchar por la misma vida en la búsqueda incansable del agua que nos sustenta.
Habrá quien sienta la aridez de un desierto cuarteado, pero otros sólo podrán ver la imagen de un niño que aún en ese desierto es capaz de encontrar esa ramita o esa chispa que nos llama la atención y obviar lo que para todos es obvio.
Habrá quien vea un desierto interminable, y sienta el calor, el sofoco, el agobio de las arenas ardientes y la rutina de un mismo camino día tras día, pero también estará el que sólo fije su vista en ese oasis intermedio, en esas palmeras que lo cobijarán y en ese agua que le refrescará para subsistir más tiempo… Habrá quien vea el sol en el desierto, pero también quien sólo vea las sombras. Habrá quien se plantee ir por el sol y quemarse o quien busque ir por las sombras por el fresco…
Anochece. Las sombras se ciernen un día más. Dá igual. Todo parece dar igual. Al fin y al cabo mañana será otro día y yo abriré los ojos y volveré a ser el de siempre: el soñador, el utópico, el que cree que todo se puede lograr…
El que vea el esfuerzo por alcanzar la meta, el niño que encuentra la chispa, el que se quede mirando al oasis, el que vea el sol pero camine por las sombras, el que intente disfrutar por encima de todo…
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