jueves, 10 de septiembre de 2009

EL ESPEJO (Autora: Lisa Romo)


Se miraba de nuevo al espejo...no por eso adivinaba o trataba de dilucidar quien era la que se ocultaba a sus ojos. Necesitaba incansablemente unos ojos que la vieran tal como ella era, tal cual se encontraba en esos días 20 años después…volvió a lavarse la cara con el jabón que le habían obsequiado en un viaje a la capital, hizo espuma hasta que no podía respirar, subió su rostro hacia el espejo y lo contempló…. enjabonado…casi de dama de comic…y eso la hizo tranquilizarse, casi se descubría el rostro cuando pasados los minutos aun seguía absorta mirándose al espejo. El jabón le goteaba en los pies y eso hizo que la sacudiera un escalofrió y se volviera a mirar en el espejo ya casi sin la espuma del principio. Se tranquilizó al ver que la máscara se difuminaba con el discurrir de minutos espumosos…pensó que quizás solo seria cuestión de tiempo y su verdadera mascara Tb. se difuminaría. Recordó que hace unos años en Venecia en un viaje de ilusoria realidad, compro una mascara de carnaval de esas de diseño, de esas elaboradas hasta el mínimo detalle con la expresión del que la elabora… concretamente se encontró con un músico como artesano de su mascara, dibujo una sinfonía y un colorido cómodos de llevar pero no así de observar. La pretendida máscara. Sinfonía del amor se gesto entre manos artesanas de la música y posiblememte el molde ya no la buscará, pero si su máscara. Se secó la cara totalmente, se volvió a mirar y a atusar, antes de salir del cuarto de baño. Lo que si tenia claro es que ella buscaba incesantemente el molde a esa mascara que se trajo aquel día entre las manos de aquel viaje…pensaba… mientras cerraba suavemente la puerta sin hacer mucho ruido, no quería para nada despertar a su ilusión que se encontraba tendido en la cama respirando y dormido como un bendito. Hacia mucho frío fuera, tuvo que cruzar un pequeñito patio que separaba el aseo de la casa y la puerta era un poco pesada de arrastrar, tan solo un golpecito y su compañero se despertaría de ese suave sueño que llevaba en las sienes- no , no quería importunarle. Sigilosamente y de puntillas accedió al saloncito, desde allí se podía percibir con ternura la luz que desprendía su espalda iluminada por la claridad del día. Volvió a recordar la máscara que tuvo en su pensamiento mientras se secaba la cara, miro al hombre en su lecho y se introdujo en el suave olor del sueño, entre las sabanas, desde los ojos de la mascara…..desde el anverso.

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